La cordura y la lucha de clases

Fernanda se despertó con rabia porque, hasta para enloquecerse, hay que tener dinero.

Hay que pagar psiquiatra, terapeutas —en plural, porque solo uno nunca es suficiente—, medicamentos, libros, nutricionista y otros tantos profesionales que ya no le dejaban tiempo para el ocio.

Desde que descubrió que su trastorno tenía nombre —y que le daba vergüenza pronunciarlo—, había usado todos los recursos y herramientas disponibles para alguien de su estrato económico. Aunque tuviera las condiciones para buscar a los mejores especialistas, odiaba el hecho de gastar más de un salario mínimo solo para no perder la cordura.

Con esa plata me tomaría muchas margaritas en México.
Comería un montón de pasteles de Belém en Portugal.
Compraría mil medias en Temu para hacer la revolución.

Lo que fuera, lo que quisiera, lo que tuviera que hacer pero lo que más le dolía era que ni para enloquecer tenía la tranquilidad de hacerlo sola.

Tan grande era el desespero que cualquier comportamiento disonante le quedaba corto. No bastaba con salir de la depresión: tenía que derrumbar todo lo que había creído que era su personalidad, porque, en el fondo, todo respondía a lo mismo: violencia durante la niñez.

Todo era fruto de una rigidez cognitiva; incluso el hecho de ser comunista surgía de un pensamiento dicotómico, de esos verbos que dividen el mundo entre ser o no ser, amar o odiar, salvar o perder. Un pensamiento que exige elegir bando aunque la vida nunca sea binaria.

—No hay ni bueno ni malo —le dijo la terapeuta—. Recuerda los grises.

—Claro —respondió Fernanda, enfadada—, porque a los niños de Vietnam les daba igual morir de hambre o vivir con dignidad.

El enfado ya era una situación recurrente. No había nada más que enfado, y hasta eso tenía una explicación basada en sus rasgos: una reacción a su baja tolerancia a la frustración.

Así que, de malas, solo le quedaba agradecerle al capitalismo por la movilidad social: por poder pagar todas las citas antes de enloquecer. Porque incluso la locura, en este sistema, tiene tarifa, factura y lista de espera.


Comentários