Muerto

 No me nació. 

Lo sentí moviéndose dentro de mi vientre, girando en espiral, y después llegó una punzada de dolor que me partió por dentro. Corrí hacia el baño mientras la sangre se escurría entre mis piernas, puse la mano sobre mi vagina en un intento inútil de contenerlo y entonces lo sentí caer. Una masa pesada, una pelota de gusanos podridos que descendía de mí. Eran gruesos, verdes, húmedos y de sus ojos salía pus. Los recogí del piso con las manos, los sostuve y los acaricié despacio. Los tragué para que volvieran a ser míos.

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