30 de sept.
Hoy terminé un artículo científico.
Me demoré un mes.
Hoy era el último día.
Apreté «enviar» y resoplé.
Hoy me hice un piercing.
Aquí duele. Ahora puedo decirlo.
—Más arriba —le dije al chico—.
Más arriba duele más, ¿cierto?
—Sí —me dijo, frunciendo el ceño.
—Quiero dos, entonces.
—En esa región tarda más en cicatrizar.
Me imaginé con un piercing atorado en una gran pelota roja,
llena de pus y sangre,
y yo apretándola despacio, sintiendo el dolor.
Me gusta pensar en eso.
Pensar en un dolor real.
Físico.
Habitable.
Me imagino la sangre escurriendo por mi dedo.
La chuparía,
como un día chupé tu verga.
¿Sabías que debo tomar dos litros de agua al día?
Es obligatorio.
Hoy solo tomé 300 ml.
No sé por qué. No tuve tanta sed.
Vi un fantasma mientras me bañaba.
Prendí la luz de afuera y él voló rápido.
Mañana empieza octubre.
Fue en octubre cuando te conocí.
Dos años.
Celebraríamos.
Juraríamos ser eternos.
¿Me habrías escrito más cartas si hubiéramos seguido juntos?
Otra vez, el dos.
Hubo algo más.
Una dedicatoria.
En el libro de mi cumpleaños.
A veces lo abro, leo y lo vuelvo a cerrar.
¿Yo te dejé una dedicatoria en mi libro?
Ya no recuerdo.
—Eres algo borroso —me dijiste.
Borrosa.
¿O era bochornosa?
Ya no recuerdo.
Casi no recuerdo tu voz.
Me gustaría que me mandaras un audio.
Saber si aún hablas español.
¿Sigues aprendiendo portugués?
¿Escuchas las canciones que te envié?
¿Aún me amas?
Aunque sea poco.
Tan poco que a veces te olvide.
Me gustaría saber.
Me gustaría escuchar.
Me gustaría detener el tiempo
para poder volver atrás.
Volver a aquella noche de diciembre,
cuando aún éramos ignorantes.
Cuando me dejaste salir sola a comprar el vino.
Cuando me despedí de ti para viajar a Brasil,
sin saber que, cuando regresara,
dejaríamos de ser amigos.
Quisiera volver más atrás en el tiempo.
Volver a octubre.
Aquel octubre en que te vi con medias coloridas
y aún no sabías mi nombre.
Cuando te pusiste a buscarme por internet.
Cuando intentaste comprar mi libro y no pudiste.
Aquel octubre en que me admirabas por mis crespos,
por Mafalda,
por ser libre.
Libre, loca y guerrillera.
Quisiera volver más atrás.
Al patio de mi colegio,
donde Silvio nos invita a imaginar
que tú y yo fuimos compañeros de salón.
Vecinos.
Que nuestros perros son amigos.
Solo que es imposible volver atrás.
Nos toca así:
esperar a que quizás mi piercing se inflame
y yo pueda esculcarlo hasta que me duela lo suficiente
para no sentir nada más.
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