Entrañas

 Allí estaba yo, peleando con los dos fetos que había abortado.

Les cortaba las cabezas y les gritaba por sus nombres.

—Demonios —les decía.

—¡Salgan de aquí! —suplicaba.

Pero no se iban.

Seguían allí, frente a mí, como si nunca hubieran salido de mis entrañas.


Comentários