Take Me As I Am, Whoever I Am*

Yo siempre sé cuándo empieza. No hace falta que anuncie su llegada: reconozco el paso, el peso, la forma en que se instala. La cosa. La cosita. Ese bulto invisible que parece pequeño, pero nunca lo es. La que me impide tener relaciones normales, la que me tumba sin aviso y me deja allí, acostada, sin saber cómo levantarme.

Cuando vi el episodio 3 de Modern Love y apareció Lexi**, me quedé quieta. No lloré. No sonreí. Simplemente me vi. No era mi trastorno, pero era un reflejo demasiado preciso, un espejo emocional que duele: la depresión.
La depresión, sí, esa hija del capitalismo, pero también de un cerebro que juega con sus químicos y con causas que aún no entendemos del todo. La mía tiene un origen, una historia que conozco. Pero, igual que Lexi, no sé cuál es el disparador.
¿En qué momento empieza?
¿Por qué aparece?
¿Para qué viene?
¿Qué función secreta cumple?

Nunca lo sé.
Solo empieza.
Y cuando empieza… yo me apago.

Me quedo inmóvil, como si respirar doliera. Pierdo las ganas de vivir, no por drama, sino por un silencio interno que me traga. Soy como Lexi cuando come granola sin sentir nada; cuando prueba helado y no le despierta ninguna alegría. Es una línea recta emocional. Un vacío suave, pero constante.

Y luego está el otro lado, igual de mío, igual de peligroso.
Cuando la depresión se retira, me convierto en picaflor.
Una luz desbordada: espontánea, auténtica, casi eufórica.
Si quiero una blusa brillante, me la pongo.
Si quiero un durazno, lo muerdo sin pensarlo.
Si quiero coquetear en el supermercado, coqueteo… y coqueteo bien.

Soy experta en las primeras citas, en ese encanto natural que hace que alguien se enamore sin esfuerzo.
Pero nadie permanece mucho tiempo. Mi vida es un pequeño terremoto. No hago planes a largo plazo porque no sé cómo estaré ese día. Soy una versión que nadie entiende.

Convivir conmigo es convivir con el caos. Con picos de productividad absurdos que intentan compensar los meses en los que no quiero ni abrir los ojos. Con silencios. Con explosiones de energía. A veces me pregunto si alguien de afuera podría comprenderlo.
Creo que no.

De los mayores dolores que cargo en mi vida hay uno que me atraviesa siempre en silencio: lo mismo que le pasa a Lexi. No tener a nadie que se quede a mi lado cuando el mundo oscurece. Porque cuando la sombra cae todos se van. Cuando me siento sola, es justo cuando se alejan. Cuando ya no puedo gritar, cuando mi voz se quiebra o desaparece, nadie me abraza. Nadie se queda a esperar conmigo hasta que la mariposa vuele.

Ese es mi dolor más antiguo y más vivo: descubrir que en mis abismos estoy sola. Y que, a diferencia de lo que prometen las películas, a veces nadie llega. Ni siquiera cuando más lo necesito. A veces me pregunto si es tan obvio como parece: todos quieren la parte buena, amable, chistosa e increíble. Se acercan a mi fuerza, a esa versión auténtica, colorida y espontánea que aparece cuando la depresión se esconde. Pero cuando llegan los días que me visto de negro, que tengo rabia, se alejan. Se quedan en silencio, mirando a los lejos como logro recuperarme.

Mis sombras les incomodan, les enfurecen, les asustan. Tienen rabia de esa parte mía que no sonríe, que no produce, que no encanta. La parte que desvirtua mi nombre.
Es como si me amaran solo a medias.
Casi nadie se queda cuando llegan las señales de la cosita. Por eso me medico: para no sentir tanto dolor sola. Al menos los medicamentos comparten conmigo el peso que soy.

* Episodio 3 de Modern Love
** Interpretada por Anne Hathaway

Comentários